El Mundo desde Abajo

por Marina Ortiz
Artículo publicado en el periódico El Caribe el 02/05/2000.

Heterogeneidad Microempresarial

 

Un recorrido por los barrios de nuestra ciudad nos ofrece una gama pluralista de actividades microempresariales. Cada día miles de hombres y mujeres inician su jornada de trabajo tomando decisiones, pues de ellos depende el éxito o fracaso de su negocio. Así, tienen que decidir qué van a producir, vender o cuál servicio van a ofrecer. También dónde lo harán, qué materias primas y mercancías utilizarán, cómo elaborarán sus productos, cómo incrementarán sus ventas, a quiénes venderán sus productos, si ofrecerán sus mercancías a crédito o buscarán un financiamiento para expandir sus operaciones. En fin, los empresarios tienen que enfrentarse a un sinnúmero de interrogantes en su día a día.

Estas disyuntivas, y muchas más, asume el propietario de una empresa con una reducida dimensión productiva, con baja tecnología, con pocos trabajadores, pero también aquel dueño de un negocio innovador, con la tecnología más sofisticada del mercado y que ofrece novedosos servicios, o el propietario de una nave industrial que emplea cientos de trabajadores en varios turnos laborables.

Por tanto, son las empresas, y no los empresarios, que tienen dimensiones cuantificables, sea en inversiones, en ventas o en trabajadores. Hablamos de micro, pequeñas, medianas o grandes empresas, no de micro, pequeños, medianos o grandes empresarios. Por ende, son tan empresarios unos como otros, independientemente de la dimensión del negocio.

En las calles de nuestra ciudad un sinnúmero de buhoneros arrastran sus triciclos cargados de verduras, cocos, lechozas, piñas, melones, naranjas y variadas frutas y vegetales en búsqueda de un mercado más amplio. Previamente han tenido que adquirir sus mercancías, calcular márgenes de ganancia y colocar precios competitivos. También han desarrollado estrategias de mercado que permitan la venta de sus productos, tales como la identificación de áreas con mayor potencial de venta, la atractiva colocación de sus mercancías o el trato personalizado con su clientela.

A primeras horas de la mañana, cuando la mercancía está fresca y las posibilidades de ventas son mayores, regularmente los precios son un poco más caros. Por el contrario, en horas de la tarde muchos buhoneros ofertan a precios de remate la mercancía restante para finalizar su jornada laboral, que en la mayoría de los casos inicia en los albores del día. Esta sabiduría obtenida a través de la experiencia contrarresta los bajos niveles educativos. Y al otro día nuevamente salen en búsqueda de nuevas oportunidades para ganarse el sustento.

Por su parte, el empresario de un negocio de mayores dimensiones acomete la tarea de incrementar la productividad, atender las necesidades de su clientela a tiempo y con calidad, incrementar sus ventas invirtiendo en publicidad y promociones, adquirir nuevas tecnologías e identificar nuevos mercados para sus productos y mercancías.

Aunque ambos son empresarios, sus necesidades son diferentes y, por tanto, las políticas para apoyar el desarrollo de estas empresas deben ser diferenciadas. Entender esto es clave para un acompañamiento empresarial adecuado.


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