Primera Parte: Microempresas, Globalización y Servicios Financieros en la República Dominicana (1998-1999)

Por Marina Ortiz
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INTRODUCCIÓN

Las micro y pequeñas empresas en el país constituyen uno de los sectores más activos de la economía por su potencial para crear y aumentar las oportunidades de empleo y mitigar el desempleo, por su contribución al Producto Interno Bruto (que se ha estimado en más de un 20%) y su importancia estratégica en la reducción de la pobreza. Además, estas empresas facilitan el desarrollo de destrezas empresariales, aseguran la expansión de oportunidades de mercadeo y en su mayoría utilizan materias primas locales.

El Fondo para el Financiamiento de la Microempresa, Inc. (Fondomicro) ha construido una amplia base de datos sobre el sector de las microempresas a partir de investigaciones empíricas. En marzo de 1999, nuevamente, Fondomicro realizó la En-cuesta Nacional de Microempresas y Pequeñas Empresas en la República Dominicana para darle seguimiento a los indicadores básicos de estas empresas y, a su vez, investigar nuevos aspectos que arrojan informaciones sobre la dinámica del sector en los últimos 12 meses.

El seguimiento al conjunto de indicadores de las micro y pequeñas empresas revela algunas diferencias significativas de un año a otro. Los resultados de la encuesta se presentan en este informe, el cual consta de tres partes: la primera parte contiene una estimación del número de empresas y del empleo generado por el sector, además de las características estáticas y dinámicas de las micro y pequeñas empresas; la segunda parte incluye aspectos relacionados con la globalización, el proceso de apertura de mercados y su impacto en el sector microempresarial; y la tercera parte describe los servicios financieros que utilizan estos negocios. Finalmente, hemos incluido un amplio anexo estadístico de tablas donde se reportan las diferentes va-riables estudiadas en la encuesta.

A. CARACTERÍSTICAS DE LAS EMPRESAS Y LOS EMPRESARIOS

El sector de las micro y pequeñas empresas en la República Dominicana ha experimentado un visible crecimiento durante los últimos tres años. Observamos que algunos factores económicos, tales como el crecimiento general de la economía y el proceso de apertura de los mercados, no sólo han generado un clima propicio para los negocios sino que han contribuido al desarrollo del sector y han fortalecido el proceso de expansión de las empresas. Por otro lado, las microempresas representan una vía —algunas veces única— de generar más ingresos para contribuir al presupuesto fami-liar entre una población poco cualificada que no puede optar por buenas alternativas de empleo, lo que también explica el crecimiento cuantitativo del sector.

Ratificando lo anterior, las cifras de las Encuestas Nacionales de Microempresas y Pequeñas Empresas en la República Dominicana realizadas por Fondomicro de 1997 a 1999, revelan un aumento de 60,507 empresas a lo largo del período. La encuesta de marzo de 1999 registró que en el país existen 353,325 empresas, lo que representa un incremento de 19,811 unidades con relación al mismo período en el año 1998, para una tasa neta de crecimiento del sector del 5.94 por ciento.

Asimismo, pudimos observar que dos terceras partes de estas empresas funcionan en las zonas urbanas del país, distribuidas en la capital (116,018) y en las ciudades del interior (100,340), mientras que en las zonas rurales operan 136,967 micronegocios, para un 38.7% del universo total de este sector.

Otro elemento significativo que presenta la encuesta de este año es el incremento en la generación de empleos dentro del sector. Las micro y pequeñas empresas ofrecen empleo a más de un millón de hombres y mujeres (1,010,736) en todo el país, teniendo Santo Domingo la mayor cantidad de trabajadores con 414,059. En las zonas rurales existen 331,769 puestos de trabajo generados por este tipo de empresas, en tanto que 264,909 personas constituyen la fuerza laboral de las micro y pequeñas empresas en las otras zonas urbanas del interior del país.

Estas informaciones ratifican que las micro y pequeñas empresas son las principales fuentes generadoras de empleo en el país, tanto así que desde 1997 hasta la fecha han creado 262,453 puestos de trabajo. La participación del sector de las micro y pequeñas empresas en el empleo es del 29% de la Población Económicamente Activa (PEA) (incluyendo la ocupada y la desocupada) y del 34% de la población ocupada de la PEA.

Las empresas que iniciaron sus operaciones a partir de marzo de 1998 fueron las principales responsables del incremento en el empleo, pues las mismas adicionaron 259,915 puestos de trabajo entre marzo de 1998 y marzo de 1999. Estas 113,811 empresas nuevas iniciaron con un tamaño promedio de 2.3 trabajadores y compensaron la pérdida de empleos de las empresas desaparecidas. Esto difiere de lo ocurrido en el período anterior (1997-1998), donde las empresas preexistentes expandieron su empleo e incorporaron más de 50,000 puestos de trabajo para ser las principales responsables del incremento en el número de empleos. En marzo de 1999 ese tipo de empresas tuvo una participación muy reducida en el incremento del sector, pues sólo adicionaron 3,562 trabajadores nuevos.

Indagando sobre la composición del empleo generado por estas nuevas unidades, encontramos que, aunque los propietarios son la principal mano de obra, hay una mayor participación de trabajadores pagados (23.7%) que de trabajadores no pagados (21.2%). Este dato es interesante pues regularmente las empresas nuevas incorporan más trabajadores familiares no pagados que mano de obra pagada.


Tabla I.1
Número de Empresas y Empleo de las Microempresas y Pequeñas Empresas según Localización
Marzo 1999
Localización Empresas % Empleo % Número promedio trabajadores
Santo Domingo 116,018 32.8 414,059 40.9 3.56
Ciudades 100,340 28.4 264,909 26.2 2.64
Resto del País 136,967 38.8 331,769 32.8 2.42
 
Total 353,325 100.0 1,010,739 100.0 2.86

Independientemente del momento de inicio de operaciones y analizando todas las empresas, encontramos que los propietarios continúan siendo casi la mitad de la fuerza laboral de estas empresas, pues el 42.7% del empleo total corresponde a dueños de negocios que laboran en sus propias empresas. Además, casi todas las empresas unipersonales son atendidas por su propio dueño.

Tomadas en su conjunto, y al descomponer el empleo generado por las micro y pequeñas empresas según los niveles de inversión de los negocios, encontramos que las empresas de inversión baja generan casi la misma cantidad de empleos que las empresas de inversión alta, 39.6% y 40.5% respectivamente. La cantidad de empresas que corresponde a cada nivel de inversión explica esto, pues en el nivel más alto de inversión se encuentra sólo el 22.9% de los negocios, mientras que casi 6 de cada 10 empresas (57.7%) tienen una inversión baja. Las empresas de inversión media constituyen el 19.4% del universo y generan el 19.8% del empleo total.


Tabla I.2
Composición del Empleo por Categoría de Trabajadores
según el Nivel de Inversión de las Empresas a Marzo 1999
Distribución Porcentual
Inversión Propietarios Pagados No Pagados Aprendices Empleo Total Porcentaje Empresas
Bajaa 64.9 5.2 28.7 1.0 39.6 57.7
Mediab 45.3 25.5 25.5 3.7 19.8 19.4
Altac 26.8 56.6 11.7 4.8 40.5 22.9
             
Participación en el Empleo Total 42.7 33.3 20.7 3.2 100.0 100.0

 

Desagregando las informaciones por tipo de trabajadores, observamos que las empresas de inversión alta utilizan una mayor proporción (56.6%) de fuerza laboral pagada que las empresas de inversión media (25.5%) o de inversión baja (5.2%). Por el contrario, los negocios con una inversión por debajo de RD$15,000 pesos utilizan más trabajadores no pagados (28.7%) que las empresas con un capital por encima de los RD$50,000 pesos que cuentan con ese tipo de trabajadores entre su personal (11.7%)

En general, las micro y pequeñas empresas incorporaron casi 60 mil puestos de trabajo en el período bajo estudio. Esto se explica por una de las siguientes razones: (i) por el incremento de la población económicamente activa que se incorporó al mercado laboral a través de este tipo de empresas; (ii) por la incapacidad del sector formal de absorber el aumento de la fuerza laboral; o (iii) por la iniciativa empresarial de muchos propietarios que optaron por un negocio propio en vez de por un trabajo asalariado.

Además de la cuantificación de las empresas y el empleo, veamos algunos aspectos que caracterizan a las micro y pequeñas empresas, que aportan informaciones sobre cómo operan estas unidades económicas.

1. Características de las empresas

a) Actividad

Las microempresas y pequeñas empresas atienden las necesidades de la sociedad realizando las más diversas actividades en tres campos básicos: manufactura, comercio y servicios. El comercio continúa aglutinando a la mayoría de los negocios del sector de las micro y pequeñas empresas (46.8%), aunque se observa una disminución sostenida en su participación año por año. Así vemos que en los últimos cinco años (de 1995 a 1999) las actividades comerciales han reducido en un 6.9%. Dentro de este renglón, el expendio de alimentos y bebidas a través de colmados, pulperías y ventorrillos continúa siendo la actividad más significativa (18.8%).

Los negocios relacionados con el cuidado personal y acicalamiento de hombres y mujeres (salones de belleza, peluquerías y barberías) continuaron incrementando su participación, representando en este año el 8% del universo. Si comparamos las infor-maciones en el transcurso de cuatro años (1996-1999), observamos que los salones y peluquerías aumentaron de poco más de 15,000 negocios a cerca de 30,000 unidades a nivel nacional. Porcentualmente, las variaciones son mínimas, apenas de un 5.8% a un 8%, pero al examinar los números absolutos se observa un incremento signi-ficativo en las microempresas y pequeñas empresas dedicadas a este tipo de servicios.

Otro aspecto que indica variaciones es el incremento de los negocios de producción de alimentos y bebidas, los cuales representan el 14.4% de todo el universo. Lo anterior difiere con las primeras encuestas realizadas por Fondomicro, donde el subsector de confección de ropa tenía la más alta participación en la rama manufacturera.

La creciente tendencia que se observa hacia el consumo de alimentos preparados fuera del hogar, así como el incremento en la competencia del sector textil como consecuencia del aumento en la oferta y la variedad de los textiles importados, permiten explicar algunas de estas variaciones. Asimismo, estas condiciones han hecho posible que actualmente sea más barato adquirir una prenda de vestir en una tienda que ordenar su confección a la medida.

Por su parte, las empresas de servicios operan indistintamente tanto en zonas urbanas como rurales, aunque hay una mayor proporción de estas empresas en la capital y en los centros urbanos que en las aldeas y campos del país. Así, cuatro de cada diez negocios capitalinos (39.8%) se dedican a ofrecer servicios. Esta proporción se reduce al 18.2% en las zonas rurales donde, por el contrario, predominan las microempresas comerciales (54.4%). En general, los salones y peluquerías, y la producción de comidas y bebidas son las actividades más dinámicas del mundo microempresarial.

b) Tamaño

Otra de las características de las microempresas es el reducido número de sus trabajadores. Cuarenta y dos de cada cien de estas empresas son negocios unipersonales, es decir que sólo cuentan con un trabajador, quien en la mayoría de los casos (95.9%) es su propio dueño. Las empresas de dos trabajadores constituyen el 28.4% del universo, y el 13.4% son negocios de tres trabajadores. Así, el 84.6% de las micro y pequeñas empresas tienen hasta tres trabajadores. Sólo el 2.4% tienen de 11 a 50 trabajadores.

Descomponiendo el tamaño de la empresa por subsectores, notamos que las empresas dedicadas a la confección de ropa y a la elaboración de alimentos y bebidas tienden a ser más unipersonales (63.8% y 57.5%, respectivamente) que en otras ramas de la actividad. Lo contrario ocurre en el comercio al por mayor, donde dos de cada tres negocios (63.5%) tienen cuatro y más trabajadores. Además, las actividades que requieren de mayores habilidades técnicas dentro del sector manufacturero, tales como elaboración de productos de madera, trabajos de impresión o herrería, también generan un mayor número de empleo.

c) Género

Los datos de la encuesta de marzo de 1999 arrojan algunas variaciones con relación a años anteriores. Una de ellas es el incremento de la participación de la mujer como propietaria de empresas, pues más de la mitad de los negocios (51.5%) dependen de las decisiones empresariales de mujeres. Con relación al año pasado, las mujeres se adjudican la tenencia de un 6.8% más de negocios, pues en 1998 la mujer era dueña del 44.7% de las empresas. Este incremento guarda relación con el hecho de que casi dos tercios de las empresas nuevas (63%) son propiedad de mujeres, lo que indica una mayor inserción de la mujer en el mundo laboral.

Un cuarto de los negocios (25%) controlados por mujeres están relacionados con la producción de alimentos y bebidas, y una proporción casi similar (22.9%) se dedica a la prestación de servicios, tales como salones de bellezas y peluquerías. Estas cifras presentan diferencias con relación a años anteriores, cuando la mujer tenía una mayor presencia en el subsector de confección de ropa.

Por otro lado, la participación de los hombres como propietarios de negocios se redujo en 8.2% al comparar las informaciones de ambos años, pues los hombres detentan la propiedad del 40.2% de los negocios este año mientras que en marzo de 1998 eran dueños del 48.4 por ciento de las micro y pequeñas empresas. Las acti-vidades donde los hombres tienen una mayor participación son el comercio al detalle, la venta y reparación de vehículos automotores, la elaboración de productos de metal y madera, así como la prestación de servicios técnicos y profesionales.

En otro orden de ideas, los resultados de la encuesta presentan un perfil del propietario con las siguientes características principales: una edad promedio de 41 años, con una formación académica inferior a los estudios secundarios en más de la mitad de los casos y conviviendo en relaciones de pareja, ya sea a través del contrato de matrimonio o de uniones consensuadas.

Con relación a las condiciones en que operan estos negocios no se presentaron diferencias significativas. La mayoría de las microempresas son de propiedad individual, funcionan en la misma residencia del propietario, principalmente si es mujer. Casi siempre atienden un restringido mercado compuesto por individuos de las inmediaciones del negocio (consumidores finales) con pocos encadenamientos con otras empresas para la colocación de sus mercancías y productos.


d) Inversión

Aunque el número de trabajadores es una variable de gran utilidad para estudiar las microempresas, detrás de ella se esconden grandes diferencias. Uno de los elementos que evidencian estas diferencias entre las empresas lo es el capital invertido por sus propietarios para iniciar y mantener un negocio. Las informaciones arrojadas por la encuesta revelan que casi 6 de cada diez negocios (57.7%) operan con una inversión de RD$15,000 pesos o menos, mientras que el 19.4% ha invertido en su inventario (materias primas y mercancías) y en tecnología (maquinarias y equipos) montos comprendidos entre RD$15,001 y RD$50,000 pesos. Poco más de un quinto de las unidades (22.9%) tiene inversiones que sobrepasan los RD$50,000 pesos.

La reducida capacidad económica de la mayoría de estos negocios limita las posibilidades de incorporar modernas tecnologías al proceso productivo y obliga a operar en pequeña escala. Para compensar esto, las microempresas fundamentan su actividad en el uso intensivo de mano de obra, que es su principal recurso.

Esta escasez de capital se ve compensada por el ingenio y la motivación de los empresarios quienes desarrollan diferentes estrategias para mantenerse en el mercado, ya sea ofertando las más heterogéneas actividades para satisfacer las necesidades de su entorno a la vez que generan ingresos adicionales, otros operando con reducidos márgenes de ganancia, y otros con jornadas laborables que superan las ocho horas diarias. Además, estos empresarios continúan en sus faenas empresariales con un alto sentido de permanencia, pues en su mayoría no tienen intención de abandonar sus negocios por un empleo remunerado.

e) Ventas y ganancias

La heterogeneidad de actividades y de capital de las microempresas, analizados a través de los niveles de ventas, es tal que los valores fluctúan desde cien pesos hasta un millón de pesos. Asimismo, vemos que cerca de un 60 por ciento del universo empresarial tiene niveles de ventas por debajo de los RD$10,000 al mes. Visto en más detalle, poco más del 15% de los negocios vende por debajo de los RD$1,000 pesos mensuales, un grupo similar vende entre uno y tres mil, mientras casi un tercio (26.5%) alcanza ventas promedio de RD$2,000 a RD$10,000 pesos mensuales. Estos bajos montos de ventas se corresponden con aquellas empresas de subsistencia que apenas pueden mantenerse funcionando, pero que aún así constituyen una opción para la generación de ingresos de sus propietarios.

Otro grupo de empresas (13.9%) logra ventas por encima de los RD$20,000 pesos y, en algunos casos (11.5%) sobrepasan los cincuenta mil pesos. En esta categoría están los negocios en expansión que generan excedentes y contribuyen sig-nificativamente al empleo, pues regularmente tienen mayor capital invertido y un mayor número de trabajadores pagados.

Al examinar las ventas mensuales por las diferentes ramas de actividad, encontramos que seis de cada diez empresas (57.5%) del subsector de producción de alimentos y bebidas registran ventas por debajo de dos mil pesos mensuales. Este es uno de los subsectores que experimentó un mayor crecimiento en los últimos años y sus niveles promedio de ventas mensuales son muy reducidos, lo que sugiere que la incorporación de nuevas empresas en esta actividad está relacionada principalmente con la búsqueda de la subsistencia por parte de los empresarios. En contraste, las empresas de comercio al por mayor, de servicios empresariales y de elaboración de productos de metal registran los mayores volúmenes de ventas mensuales.

Es significativo también que el tiempo de operación de las empresas en el mercado influye en sus volúmenes de ventas. Una de las razones que explica esto es que las empresas más jóvenes todavía no se han posicionado en el mercado, y muchas veces los potenciales clientes no conocen sus productos ni servicios y éstas tampoco han desarrollado todo su potencial. Esta relación se nota cuando la mitad de las empresas más recientes (que tienen menos de tres años en el mercado) venden por debajo de cinco mil pesos, en tanto que poco más de un cuarto de las más antiguas (con más de diez años de operaciones) tienen montos de ventas similares. Asimismo, estas diferencias se observan según el género del propietario, pues vemos que las empresas de mujeres registran menores montos de ventas mensuales que las empresas de propiedad masculina.

Los datos brutos de las ventas mensuales incluyen los costos de producción y los gastos fijos del negocio por lo que indagamos sobre las ganancias que los empresarios obtienen de su negocio, ya que aunque esta cuantificación es subjetiva nos ofrece una estimación del ingreso del propietario a partir de los márgenes de beneficios de su negocio.


Las actividades realizadas por los empresarios antes de iniciar su negocio actual sirve de orientación sobre los beneficios esperados por los propietarios. Desglosando las respuestas a la pregunta "¿qué actividad realizaba usted antes de iniciar este ne-gocio?" encontramos que el 18% de los actuales propietarios de empresas eran antes empleados de una micro o pequeña empresa, en tanto que el 19.6% estaba en el hogar. Otros (31.7%) tenían otro negocio o trabajaban, a la vez que tenían su negocio propio, mientras algunos (4% en cada caso) empresarios trabajaban en casas de familia, en zonas francas o en el gobierno. Unos pocos (7.6%) trabajaban en una empresa grande, y un porcentaje irrelevante de dueños de negocios estaban desempleados (0.2%).

Con relación a los ingresos de la empresa percibidos por los propietarios, cuatro de cada diez dueños de empresas (39.9%) tienen beneficios por debajo de RD$2,000 pesos mensuales, mientras que un 28.9% percibe ganancias entre RD$2,000 y RD$5,000 pesos mensuales. Un 17.6% obtiene ingresos de cinco a diez mil pesos mensuales. Por tanto, si agrupamos estos porcentajes vemos que casi 9 de cada diez (86.4%) negocios obtiene ganancias por debajo de $10,000 pesos, y sólo el restante 13.6% logra obtener beneficios por encima de diez mil pesos mensuales.

Aquellos propietarios que trabajaban en zonas francas, en el gobierno y en casas de familia, que estaban estudiando o que estaban en el hogar, son los que reportan menos ganancias, en contraposición con los que tenían alguna experiencia previa en actividades empresariales, ya sea porque tuvieran un negocio o porque trabajaban en una micro, pequeña o gran empresa.

Si relacionamos las ganancias reportadas por los empresarios con el salario mínimo del sector privado, observamos que dos terceras partes de los propietarios (65%) reciben más ingresos que si estuvieran trabajando como empleados públicos y más de la mitad de los dueños (55%) obtienen beneficios por encima del salario mínimo del sector privado. Más aún, el valor de la mediana de las ganancias asciende a RD$8,000 pesos, lo que representa más de cuatro veces el salario mínimo de un trabajador privado y cinco veces el salario mínimo de un empleado público.

En vista de lo anterior, muchas empresas generan más ganancias para sus dueños que lo que éstos ganarían si estuvieran asalariados. Por estas razones al inquirir a los propietarios sobre si dejarían su negocio por un trabajo asalariado sólo el 12% respondió afirmativamente.

Las diferencias en el ingreso al desagregarse por género también son notorias en el mundo microempresarial, al igual que en el mercado laboral formal. Más de la mitad de las mujeres (60.2%) obtienen ganancias por debajo de dos mil pesos mensuales. Estas exiguas ganancias son producto de menores niveles de inversión, de mercados más reducidos y, finalmente, de actividades menos rentables, tales como venta de hielo y helados, sanes, etc. Además, la mayoría de los negocios de mujeres operan en los mismos lugares de residencia, en horarios ajustables a las necesidades familiares de sus dueñas y en actividades relacionadas con su entorno doméstico.

En adición a esto, los negocios propios les permiten a las mujeres atender sus hogares y las necesidades domésticas de sus familias. Si no fuera así, tendrían que trabajar fuera del hogar y esto, en muchos casos, originaría un gasto adicional al presupuesto familiar ya que tendrían que contratar a una persona para ocuparse de los quehaceres del hogar. Además, los ingresos generados por el negocio constituyen el principal sostén de las familias de casi un tercio de las dueñas, aunque menos de la mitad de las mujeres detentan la jefatura de sus hogares.

Por otro lado, una mayor proporción de hombres propietarios de empresas (11.1%) reporta ganancias valoradas en más de RD$20,000 pesos, en tanto que apenas un 0.6% de las mujeres obtuvo beneficios de sus empresas por ese monto. En el otro extremo sólo se encuentra el 16.5% de los hombres con ganancias por debajo de los dos mil pesos, mientras que seis de cada diez mujeres obtienen esa suma de sus negocios. Las diferencias son aún más notorias si agregamos los montos ganados hasta cinco mil pesos, pues casi 9 de cada 10 empresas de mujeres (85.9%) generan esos montos de ganancias en contraposición con menos de la mitad de los negocios masculinos (49.4%) que alcanzan esos niveles de beneficios.

Otro aspecto relevante es la relación que guardan las ganancias del negocio con la actividad de la empresa. Así, vemos que más dueños de negocios manufactureros (73.5%) que de comercio (66.1%) o de servicios (68.9%) reportan beneficios por debajo de los cinco mil pesos. En el otro extremo, las actividades comerciales le dejan mayores montos de ganancias a sus propietarios en comparación con las actividades manufactureras o de servicios. Desglosando las actividades del sector microempresarial en subsectores notamos que la producción de alimentos y bebidas genera beneficios más exiguos que otras manufacturas, tales como la elaboración de productos en madera o en metal. Asimismo, se presentan diferencias entre los negocios dedicados a la comercialización de alimentos y bebidas, donde los colmados arrojan un balance positivo más alto que los ventorrillos y las pulperías.

Lo anterior apunta a que detrás de esta relación entre actividad y ganancia subyace la inversión en el negocio como una razón de mayor peso y, efectivamente, así es, pues los niveles de capitalización de las empresas influyen tanto en los montos de ventas como en los márgenes de ganancias. Por consiguiente, la mayoría de los negocios con capital menor de RD$15,000 pesos reporta ventas por debajo de RD$10,000 pesos y ganancias de menos de RD$2,000 pesos. Este patrón es similar tanto para las empresas de inversión media como para las de inversión alta. Las primeras presentan un promedio de ventas mensuales entre 5 mil y 20 mil pesos y ganancias entre 2 mil y 10 mil pesos, en tanto que casi la mitad de las segundas (45.7%) venden montos superiores a los veinte mil pesos y obtienen beneficios por encima de los diez mil pesos mensuales.

Pero, en definitiva, como no todas las empresas son iguales, presentan niveles de desarrollo disímiles y, por consiguiente, su estructura económica también es diferente tanto en las ventas, en la inversión como en los beneficios. Entender estas diferencias permite desarrollar políticas de apoyo diferenciadas según que las empresas sean de subsistencia o de acumulación.

f) Ingresos y gastos familiares

El objetivo de toda empresa es generar beneficios, los cuales en algunos casos constituyen el principal ingreso del hogar de su propietario, en tanto que en otros constituyen un ingreso adicional al presupuesto familiar. En marzo de 1999, el 49.3% de los empresarios consideró que los beneficios obtenidos del negocio representaban la principal fuente de ingresos para sus hogares, mientras que para el 22.8% de los casos lo eran los salarios de otros miembros del hogar. Estos resultados presentan variaciones con relación al año pasado, cuando seis de cada diez dueños (59.5%) consideraban que sus negocios le proporcionaban lo necesario para satisfacer las necesidades de su hogar.

Esta disminución guarda relación con la reducción de la participación masculina como propietarios de empresas, ya que para los hombres más que para las mujeres la empresa constituye la principal fuente de ingreso. En la encuesta de este año, las mujeres son las que detentan la mayor propiedad empresarial y, regularmente, para éstas los beneficios de sus empresas constituyen un ingreso adicional, no la principal fuente de recursos para su hogar.

Si, como hemos visto, las ganancias obtenidas en sus negocios no siempre satisfacen las necesidades del hogar de los propietarios, entonces los dueños tienen que recibir otros ingresos o solicitar créditos para cubrir el déficit presupuestario familiar y contraer compromisos que deben pagar en el futuro. En cuatro de cada diez hogares de propietarios (43.8%) se reciben sueldos y salarios pagados a sus miembros, en tanto que una proporción casi similar (39.4%) recibe ingresos generados por otros negocios propiedad de algún miembro del hogar.

Un dato interesante es la disminución que ha experimentado la recepción de remesas y regalos de familiares y amigos que viven en el extranjero por parte de los hogares de los propietarios. En marzo de 1997, tres de cada diez dueños (29.2%) señalaron que en sus hogares se recibían envíos de dinero o regalos desde el extranjero, mientras que en la encuesta de marzo de 1999 esta proporción se redujo a uno de cada seis (15.8%). Otros ingresos provenientes de la agricultura (18%) y de aportes de familiares y amigos (14%) también contribuyen al presupuesto familiar de los dueños de micro y pequeñas empresas.


Por otro lado, al indagar si existe alguna época en el año en que los gastos son mayores que los ingresos, encontramos que dos de cada tres hogares de dueños de micro y pequeñas empresas (68.9%) tienen meses en que atraviesan por esa situación, siendo el trimestre enero-marzo el más difícil del año para más de la mitad (54.7%) de los que dijeron tener épocas con déficit en el presupuesto familiar. La temporada de octubre a diciembre fue señalada como el segundo trimestre en que los gastos son mayores que los ingresos, según el 21.7% de los empresarios, mientras que un menor porcentaje de dueños (9.1%) identificó los meses de abril a junio como aquellos donde su balance presupuestario es más deficitario.


No obstante que más de dos terceras partes de los dueños dijeron tener meses de mayores gastos que ingresos, menos de la mitad (47.7%) busca dinero de otras fuentes para cubrir sus gastos cuando ocurre dicha situación. Esto sugiere que el propietario de microempresa va arrastrando deudas cuando se le presenta un déficit en el presupuesto familiar. Y, en efecto, así es, pues más de la mitad de los empresarios (57.4%) estaba endeudado para marzo de 1999. En algunos casos eran deudas con-traídas por obligaciones familiares, en otros correspondían a gastos del negocio y, también, deudas por concepto de préstamos en efectivo. Dentro del primer renglón de gastos familiares, los conceptos más usuales eran alimentación (7.9%), vestimenta (3.3%), vivienda (2.5%) y salud (1.4%). Las deudas del negocio estaban relacionadas con la adquisición de materias primas y mercancías (29.6%) y con la compra de maquinarias y equipos (3.8%). El renglón de deuda financiera es el más alto con una proporción de (41.3%).


El endeudamiento de los propietarios de micro y pequeñas empresas es posible porque ocho de cada diez dueños (81.6%) cuentan con facilidades crediticias ofrecidas por otros negocios o personas para gastos que no son de la empresa. Así, cuando los propietarios necesitan dinero para algún gasto personal regularmente utilizan efectivo del negocio (20%), piden un préstamo a fuentes formales e informales de financia-miento (27.4%) o utilizan sus ahorros y los de sus familiares (30.4%).

Algunas diferencias se presentan si analizamos las acciones de los propietarios en función de la inversión del negocio. Una mayor proporción de dueños de empresas con inversión alta (32.4%) utilizan el dinero del negocio para sus gastos personales que los propietarios de empresas de baja capitalización (13%). Estos últimos piden dinero regalado a familiares o amigos, pues canalizar dinero del negocio hacia otros fines implicaría descapitalizar la empresa y, por tanto, su quiebra. Además, entre los dueños de negocios de bajo nivel de inversión muy pocos pueden recurrir a sus ahorros (14%), por tanto éstos empresarios esperan reunir el dinero que necesitan antes de incurrir en gastos personales (16.3%). Los empresarios de negocios con inversiones más cuantiosas tienen otras opciones: una mayor proporción acude a sus ahorros (28.8%) que aquellos que posponen su gasto hasta ahorrar el dinero (10.6%).

Las fuentes informales de financiamiento como los prestamistas representan la opción de crédito del 10% de los propietarios de negocios de baja inversión, en tanto que sólo el 4.6% de los dueños de negocios con mayor capitalización utilizan este recurso para financiar sus gastos personales.

Como vemos, el presupuesto familiar de los micro y pequeños empresarios se nutre de diferentes fuentes y, cuando no satisface las necesidades familiares, éstos recurren a otros mecanismos para cubrir sus gastos ya sean personales o del negocio endeudándose para amortiguar los períodos de menores ingresos Por tanto, el requerimiento de instrumentos ágiles de financiamiento es una necesidad para este sector de la economía.

g) Seguridad

Un elemento innovador de la encuesta de marzo de 1999 es el tema de la seguridad tanto relacionada con el propietario (seguro social, seguro médico y seguro de vida) como con el negocio (seguro empresarial).

Los resultados de la encuesta arrojan que apenas un 6.7% de los propietarios de micro y pequeñas empresas tienen seguro social, pero esta cifra se duplica al 14.2% cuando se les preguntó sobre la tenencia de seguro médico. Entre los propietarios que a la vez que tienen su negocio están trabajando asalariadamente en otra empresa es más usual la tenencia de seguro médico, sea éste privado o del Instituto Dominicano de Seguros Sociales. Esto apunta al hecho de que los dueños de negocios están afiliados a seguros principalmente a través de las empresas donde prestan sus servicios como trabajadores.

En los casos en que el propietario no está incorporado laboralmente a otras actividades, solo uno de cada quince dueños de negocios cuenta con este sistema privado de previsión de salud.

Cuando observamos las empresas por su nivel de inversión, se visualiza un incremento en la tenencia de seguro médico privado en la medida en que la capitali-zación del negocio es mayor. Así, sólo el 8.5% de los propietarios con negocios que tienen una inversión por debajo de 15 mil pesos pueden acceder a los servicios médicos privados vía un seguro. Esta proporción se triplica (26.4%) cuando los propietarios tienen negocios con un capital mayor de 50 mil pesos.

Algo similar ocurre con la distribución geográfica de los negocios, pues sólo un 5.5% de los dueños de empresas rurales tienen seguro médico privado mientras que este contrato de servicios médicos es más utilizado en las zonas urbanas, ya sea en Santo Domingo (28.5%) o en las ciudades (12.6%). Por otro lado, el género del pro-pietario no introduce diferencias significativas en la tenencia de seguro médico, aunque podría esperarse que más mujeres que hombres utilicen este servicio pues éstas regu-larmente son mayores usuarias que los hombres. Las empresas de propiedad conjunta (24.8%) son las que cuentan en mayor proporción con esta previsión de salud en comparación con las empresas de propiedad masculina (15.2%) o de propiedad feme-nina (11.9%).

La tenencia de seguro de vida es muy reducida, pues sólo un 3.9% de los propietarios señalaron tener este tipo de seguros. Esta previsión social hacia el futuro es más utilizada por los dueños de empresas que ofrecen servicios profesionales e inmobiliarios, que tienen una alta capitalización y que funcionan principalmente en la capital del país.

El año pasado muchas micro y pequeñas empresas sufrieron grandes pérdidas a consecuencia del paso del huracán Georges por territorio dominicano. Estas pérdidas no pudieron ser compensadas en su gran mayoría, pues sólo un 7.8% de los micro y pequeños empresarios tenían su negocio asegurado. Al examinar las características del reducido grupo de empresas que tiene seguro para su negocio notamos que son las que podrían sufrir más pérdidas frente a una eventualidad, pues tienen mayor capital invertido tanto en materias primas y mercancías como en maquinarias y equipos.

En general, los servicios de seguridad personal o empresarial con que cuenta el micro y pequeño empresario son muy reducidos, lo que significa que estos empresarios se encuentran al margen de los mecanismos de seguridad social para enfrentar cualquier eventualidad de salud o del negocio.

B. LA GLOBALIZACIÓN DELOS MERCADOS

El proceso de globalización está basado en la búsqueda y uso de capacidades más competitivas para generar productos y servicios de mejor calidad y precios a nivel mundial. Este proceso, apoyado en los avances tecnológicos de informática y comu-nicación, ha transformado el mundo en una "aldea global" donde las distancias y el tiempo cada día influyen menos en la economía mundial. La liberalización e inter-dependencia del comercio internacional ha generado una mayor competencia en la oferta de bienes y servicios, y ha consolidado la conformación de los diferentes bloques económicos a la vez que ha internacionalizado los mercados financieros.

Dentro de este contexto, en los años de 1990 a 1992 se produjo en el país una reforma en la estructura arancelaria que facilitó el acceso de nuevas mercancías y productos al mercado nacional a través de las importaciones. Este proceso, con-juntamente con el crecimiento sostenido de la economía en los últimos años, se ha traducido en un incremento de la actividad comercial y, por ende, de la competencia.

Los datos obtenidos de la encuesta evidencian un aumento sostenido en el número de empresas durante el período 1996-1999 hasta totalizar 60,507 micro y pequeñas empresas que se han incorporado al sector en el transcurso de ese tiempo. Desglosando por año, encontramos que de 1996 a 1997 se incorporaron 34,319 nego-cios de menos de 10 trabajadores, en tanto que de 1997 a 1998 iniciaron sus activi-dades 6,378 microempresas. Durante los doce meses transcurridos entre marzo de 1998 y marzo de 1999 se adicionaron 19,810 empresas. Antes de 1996, es decir durante el período de marzo de 1994 a marzo de 1995, el número de empresas se redujo en más de 25,000 unidades, pues para 1994 había 319,639 negocios y en 1995 había 294,305 micro y pequeñas empresas.

No obstante lo anterior, el proceso de apertura comercial ha sido percibido por muchas asociaciones y grupos empresariales representantes del sector de la micro y pequeña empresa como un obstáculo más que como un desafío. Razones históricas y culturales subyacen detrás de esta percepción. Por un lado, el gran proteccionismo a la industria local (aunque las leyes de incentivo y protección favorecían exclusivamente a la mediana y gran empresa) y, por otro lado, la poca tradición exportadora de los micro y pequeños empresarios. Muestra de ello es que sólo una ínfima parte de los dueños de estos negocios tiene relaciones directas con el extranjero para importar sus materias primas y mercancías (2%) o para exportar sus productos (1.7%).

En la coyuntura actual, la internacionalización de los mercados es un proceso irreversible que presenta grandes desafíos para el sector de las micro y pequeñas empresas, y frente al cual éstas tienen ventajas y desventajas. Los acuerdos comer-ciales suscritos por el país ofrecen a los micro y pequeños empresarios la posibilidad de acceder a nuevos mercados, especialmente en el área del Caribe y Centroamérica.

 

Ahora, ¿qué implicaciones tiene este proceso para los dueños de micro y pequeñas empresas nacionales? Esta inquietud nos motivó a incluir dentro de la en-cuesta de marzo de este año algunas preguntas que nos permitieran conocer la percepción que tienen los empresarios sobre la situación de su negocio y de negocios como el suyo a partir del proceso de apertura aduanera que ha permitido que más productos del extranjero se comercialicen a nivel local.

Tres de cada cuatro dueños tienen una actitud positiva ante esta situación. Unos consideran que después de las mencionadas reformas arancelarias su situación está mejor (15.8%), en tanto que para un importante grupo (60.6%) está igual. Sólo un 23.6% de los entrevistados respondió que sus negocios están peores que antes de la apertura comercial. Pero es necesario desagregar estos datos por los diferentes subsectores para entender las razones detrás de estas respuestas.

Lo primero que se evidencia es que la presencia de más productos extranjeros en el mercado local no ha tenido el mismo impacto en todas las empresas. Así, cuatro de cada diez negocios de metalmecánica (38.8%) consideran que están mejor, pues han experimentado un incremento en sus actividades como por ejemplo los negocios de hacer rejas y verjas. Esto se relaciona con un incremento del sector de la construcción y de la necesidad de protección ante los crecientes niveles de violencia. Por el contrario, la mitad de las empresas de confección de ropa (50.2%) consideran que sus negocios están peores que antes de la apertura comercial.

Esta percepción se ratifica ante la mayor oferta de ropa y textiles importados a precios más asequibles, lo que contribuye a que los clientes compren la ropa hecha en vez de mandarla a confeccionar a la medida, reduciéndose la clientela para modistas y sastres. No obstante, una reducida proporción de negocios de confección de ropa (12.2%) consideran que sus empresas están en mejor situación, pues tienen más disponibilidad y variedad de materias primas para la confección de sus trabajos. Esto permite competir en calidad con la ropa importada y captar una clientela más exigente que viajaba al exterior a comprar ropa hecha.

Por su parte, el comercio está en mejores condiciones después de la apertura aduanera según declararon sus propietarios. Seis de cada diez negocios (60.1%) dedicados al comercio al por mayor de mercancías atraviesan una mejor situación en tanto que a un 12.5% de los detallistas les ocurre lo mismo. Más de la mitad de los dueños de empresas de comercio al detalle (59.7%) no experimentaron cambios con el proceso de apertura comercial. Estos comerciantes minoristas se dedican a la compra y venta de mercancías indistintamente de que el producto sea nacional o extranjero.

Por el contrario, muchos comerciantes adujeron que sus ventas se han incrementado porque ofrecen a la clientela una mayor variedad de productos y, en muchos casos, de mejor calidad. El crecimiento económico de los últimos años ha generado también un incremento en el consumo. Además, los hábitos de consumo se hacen cada vez más homogéneos e internacionales lo que facilita la venta de las mer-cancías extranjeras. Los medios masivos de comunicación y el estrecho contacto con más de un millón de dominicanos que residen en el extranjero mantienen actualizados a los consumidores locales sobre nuevos productos y hábitos de consumo.

La naturaleza de la actividad que realiza el negocio y los nichos de mercado que atiende la empresa inciden en la percepción del propietario frente al proceso de aper-tura comercial. Pocos dueños de negocios dedicados a ofrecer servicios (10.8%) con-sideraron que su situación actual es peor, lo que es comprensible pues los servicios no son transables. De hecho, un tercio de los propietarios (32.6%) que ofrecen servicios técnicos o profesionales consideraron que sus negocios estaban en mejor situación en el momento de la encuesta.

Además, las condiciones actuales de mayor competencia han generado que el propietario agregue valor a su relación con el cliente. Tal es el caso de los colmados. La fuerte competencia dentro del negocio de expendio de alimentos y bebidas ha hecho que los dueños de colmados incorporen una nueva estrategia de mercado: el servicio a domicilio. Esto le permite captar una clientela que no quiere o no puede movilizarse, ofreciéndole la facilidad de llevarle la mercancía a la casa sin ningún costo adicional. En adición a esto, muchos dueños de colmados otorgan facilidades crediticias a sus clientes. Esto permite mantener una clientela supeditada al crédito del negocio, lo que implica un nicho de mercado cautivo.

Esta estrategia mercadológica ha permitido a muchos colmados competir con los supermercados en el ámbito donde tienen más ventajas comparativas (conocimiento, contacto y servicio personalizado y directo con la clientela), pues no pueden competir en cuanto a precio y ofertas. Así, no sólo comercializan los productos sino que también ofrecen un servicio personalizado con la entrega de los mismos.

Otro factor que incide también en la situación de los negocios ante la mayor oferta de productos extranjeros en el mercado local son los niveles de inversión de las empresas. Los negocios que tienen poca inversión no perciben cambios en su situación en la mayoría de los casos, mientras que las empresas con capital más cuantioso se enfrentan a modificaciones de su situación en ambas direcciones. Poco más del 60% de los negocios de inversión baja y media mantienen la misma situación en esta coyuntura, mientras que a una proporción menor (43.5%) de empresas con una inversión por encima de RD$50 mil pesos le ocurre lo mismo.

Por un lado, entre aquellos que consideraron que están peor, independientemente del monto invertido, se encuentra alrededor de un quinto de todos los negocios. Del otro lado, entre los que están mejor, es mayor la proporción de negocios con inver-siones más cuantiosas (27.4%) que las proporciones de las empresas con una inversión baja (9.9%) y de inversión media (17.9%).

Estas variaciones en las percepciones de los propietarios con relación a la internacionalización de los mercados, en función de los niveles de inversión de las micro y pequeñas empresas, se corresponden con la reducida capacidad que tienen este tipo de negocios para introducir los cambios productivos y tecnológicos requeridos para competir con los productos extranjeros, además de que las dificultades de acceso a financiamientos acordes a sus necesidades limita dicha renovación empresarial.

En ese mismo tenor, las microempresas operan regularmente en mercados muy competitivos, principalmente aquellas que funcionan en las zonas urbanas. Por tanto, las condiciones del mercado tienden a provocar más cambios en las empresas que están ubicadas en centros urbanos que entre las que están en áreas rurales y, por ende, son menos los negocios de ciudades que pueden abstraerse a los efectos de la apertura comercial.

En ese sentido, más empresas de las zonas urbanas han experimentado cambios en su situación que sus homólogas de las áreas rurales. Tres cuartas partes de los negocios que funcionan en aldeas y campos del país (74.5%) dicen que mantienen una situación igual que antes de la apertura comercial, en tanto que una menor proporción de propietarios de empresas ubicadas en Santo Domingo (46.9%) o en las ciudades (54.3%) tienen la misma percepción.

Las razones aducidas por los propietarios para explicar la percepción que tienen sobre la situación de sus negocios fueron muy variadas. Entre aquellos que consi-deraron que sus negocios están ahora en mejor situación, las razones señaladas estaban relacionadas con la calidad de los productos, las preferencias de los consumidores por productos extranjeros, las facilidades actuales para comprar mercancías y que el incre-mento de la competencia obliga a mejorar la calidad. Los salones de belleza y los colmados son típicos representantes de este grupo.

Por el contrario, aquellos que señalaron que sus negocios estaban en peores condiciones (23.6%) consideraron que la competencia ha sido dañina para sus empre-sas, que el mercado está saturado de mercancías, que los productos han aumentado de precios y que las ventas han disminuido significativamente. Los sastres y modistas se encuentran entre este grupo de empresas.

Entre ambos extremos están los que piensan que sus negocios continúan en igual condición. Para éstos, la apertura comercial no afecta ese tipo de negocios o venden productos muy específicos que no tienen competencia extranjera ("vendo sólo mer-cancía criolla"). En algunos negocios de servicios y de manufactura, tales como escue-las, cuidado de niños, riferos y abre sanes, entre otros, la presencia de más productos extranjeros en el mercado no los ha afectado de manera notoria, pues el tipo de acti-vidades que realizan no son transferibles.

Además de preguntarle al propietario sobre su percepción de la situación de los negocios similares al suyo y sobre el porqué de su respuesta, quisimos también indagar qué planes tendría en caso de que su negocio se encontrara en mejor, igual o peor situación.

Algunos propietarios dijeron no tener ningún plan para el negocio, indepen-dientemente de cómo juzgaran la situación actual. Esta fue la respuesta de un quinto de los propietarios (20.7%) que respondieron estar en mejores condiciones, de casi la mitad (49.6%) de los que consideraron que están en igual situación y del 35.6% de los que dijeron estar en peores condiciones.

Los planes identificados por los dueños de negocios que perciben este proceso como positivo están relacionados con la expansión del negocio, la adquisición de nuevos productos y el desarrollo de estrategias de mercadeo y publicidad.

La mitad de los propietarios que consideran sus negocios en igual situación, planean continuar y mejorar sus actividades, adquirir una mayor variedad de pro-ductos, cambiar de localización y solicitar financiamiento para capital de trabajo, mientras que la otra mitad no tiene ningún plan para el negocio.

Dieciséis de cada cien propietarios que calificaron su situación como peor que antes, piensan cambiar de actividad, buscar un empleo remunerado o quitar el negocio. Otros (21.4%) tienen interés en mejorarlo, en tanto que más de un tercio (35.6%) no tiene ningún plan para reactivar su empresa.

Es interesante señalar que ninguna de las respuestas registró la intención de exportar productos y mercancías al extranjero entre los propietarios de negocios manufactureros. Esto se corresponde con una actitud pasiva hacia la exportación y ratifica la idea de que los micro y pequeños empresarios dominicanos viven de espaldas a las ventajas del mercado exterior.

Además, se pueden identificar otras desventajas para las micro y pequeñas empresas en este proceso de globalización. Una de ellas son los bajos niveles tecnológicos y, en muchos casos, rudimentarios que restringen la eficiencia interna de la empresa y la calidad de los productos.

Analicemos las informaciones suministradas por los empresarios como estimaciones del monto invertido en tecnología (maquinarias y equipos). Más de un tercio de los negocios (38.1%) tienen equipos y maquinarias valorados en menos de RD$1,500 pesos, mientras que un 15% de los empresarios valoró sus equipos entre RD$1,501 y RD$5,000 pesos. Otro grupo de los empresarios (25.4%) estimó el valor de sus equipos y maquinarias entre RD$5,001 y RD$20,000 pesos, en tanto que para el quinto restante (21.5%) la inversión en tecnología sobrepasa de los RD$20,000 pesos.

Este amplio abanico de valores ratifica que todas las empresas no están en similares condiciones tecnológicas, por lo que es necesario relacionar el monto inver-tido en maquinarias y equipos con la actividad que realiza el negocio. Así, observamos que la proporción de negocios dedicados a la producción de alimentos y bebidas (78.6%) y a la confección de ropa (48.8%) con montos invertidos por debajo de RD$5,000 pesos, es mucho mayor que la proporción de empresas madereras (17.5%) o de metalmecánica (4.5%) con inversiones similares. Tenemos que considerar que los equipos para elaborar productos de madera o de metal son más costosos que los requeridos para producir alimentos o ropas, pero también es preciso reconocer que esas empresas pueden tener mejor equipamiento tecnológico para hacer productos terminados de mejor calidad y, por tanto, estar en mejores condiciones de competir en el mercado.

Estas cifras ratifican la existencia de tecnologías rudimentarias y, en muchos casos, obsoletas, lo que representa una gran barrera para competir en el mercado con productos extranjeros, regularmente elaborados con tecnologías más sofisticadas, con diseños y presentaciones atractivas y a costos inferiores por la producción en escala y la eficiencia del proceso productivo, entre otras razones.

Pero la inversión en tecnología no es suficiente para competir en condiciones equitativas en la actualidad. Las micro y pequeñas empresas necesitan una estrategia de gestión tecnológica que incluya conocimientos, información y la toma de decisiones oportunas para ser más competitivas. Además, la baja formación académica tanto de propietarios como de trabajadores constituye también un obstáculo para la inserción en el proceso de desarrollo. Esta realidad es tan dramática que casi la mitad de los dueños de empresas apenas han cursado hasta el nivel primario y un tercio de los trabajadores que laboran en este tipo de empresas también están en similar condición.

Las diferencias que caracterizan el sector microempresarial se convierten en un cedazo natural para segregar estas empresas hacia la internacionalización de los mercados. No todas podrán incorporarse a nuevos mercados internacionales convir-tiéndose en micro y pequeñas empresas de exportación. Las empresas de acumulación son las más llamadas a jugar este papel, mientras que, por el contrario, las empresas de subsistencia seguirán atendiendo sus reducidos y más pobres mercados inmediatos.

Las condiciones en que operan las micro y pequeñas empresas de acumulación representan ventajas comparativas para poder atender nuevos mercados. Elaborar productos para otras empresas, mercancías con características especializadas o que exijan una terminación menos mecanizada, son tareas de este tipo de empresas.

Como vemos, este proceso presenta grandes oportunidades y desafíos para los empresarios, pero a la vez exige el mejoramiento en la calidad de los productos y servicios para poder competir adecuadamente. Además, estas empresas deben buscar modalidades de alianzas estratégicas que les permitan asociarse y acometer unidas las diferentes tareas de producción, distribución y comercialización de sus productos y mercancías. Uno de los mecanismos es la asociatividad, entendida como un mecanis-mo de cooperación entre las empresas que permite la participación de éstas en la búsqueda de un objetivo común, pero manteniendo su independencia jurídica y ge-rencial. La conformación de grupos de asociatividad o consorciación entre negocios del mismo subsector permitirá satisfacer las demandas de mayores volúmenes de pro-ductos y mercancías que muchas veces los negocios no están en capacidad de atender individualmente.

C. SERVICIOS FINANCIEROS

Uno de los obstáculos más evidentes que tienen las micro y pequeñas empresas —el cual ha sido ampliamente investigado en nuestras encuestas— es el acceso al mercado formal de financiamiento. Pocas micro y pequeñas empresas han podido satisfacer sus necesidades de financiamiento a través de las instituciones formales de crédito. Por tanto, la provisión de adecuados servicios financieros al sector constituye uno de los elementos fundamentales que inciden en el desarrollo de estas unidades económicas. Estos servicios financieros incluyen tanto los productos de ahorro (cuentas de ahorro y certificados a plazo fijo) como los productos de crédito (préstamos en general —empresariales, personales, para vivienda—, tarjetas de crédito, líneas de crédito, etc.). En nuestra encuesta de marzo de 1999 indagamos acerca del uso que hacen los micro y pequeños empresarios de este tipo de servicios, y a continuación presentamos una síntesis de nuestros hallazgos.

Regularmente, son las instituciones informales de financiamiento, tales como los familiares y amigos y los prestamistas, las que constituyen las principales opciones del empresario en la búsqueda de recursos financieros. Aun cuando son pocos los negocios que han accedido al crédito formal, ya sea a través de bancos y financieras (4.5%) o de programas e instituciones de microfinanciamiento impulsados principalmente por las ONG (4.3%), es relevante analizar las características de ambos programas.

Existen claras diferencias entre las instituciones financieras formales o tradi-cionales (como los bancos) y las instituciones que ofrecen crédito a las microempresas (como las ONG). Estas diferencias son notorias en la metodología crediticia, las garantías, los montos y los plazos, así como en la diversificación de los productos.

La evaluación crediticia de las instituciones bancarias se apoya principalmente en las informaciones proporcionadas por el cliente o empresario para validar su posición económica y la tenencia de garantías, mientras que las instituciones sin fines de lucro (ONG) que atienden a las microempresas evalúan el carácter de la persona, su capacidad de repago y la situación económica de la empresa.

Además, las ONG trabajan intensivamente "construyendo" la historia empre-sarial y crediticia del propietario del negocio, lo que implica que los oficiales de crédito (empleados que evalúan y verifican la solicitud de crédito) tienen que des-plazarse hasta los mismos negocios para recopilar las informaciones necesarias a diferencia de las instituciones bancarias donde el cliente es quien debe depositar la documentación que le es requerida. Por tanto, el costo unitario del otorgamiento del préstamo es mayor cuando se utiliza la metodología de las ONG que cuando los bancos o financieras realizan las evaluaciones de crédito.

Las garantías constituyen un rasgo diferenciador entre las instituciones bancarias y las ONG que atienden al sector microempresarial. Una de las principales razones aducidas por los banqueros es que la ausencia de garantías reales o la falta de documentación para comprobar la existencia de dicha garantía constituye una de las mayores limitaciones para incursionar en la provisión de servicios financieros al sector de las microempresas. Una de las alternativas que han utilizado las ONG para salvar este obstáculo es el uso de las garantías de los grupos solidarios, que compensan la falta de garantías y activos individuales y, a su vez, constituyen un compromiso de cada uno de los miembros del grupo solidario sobre el préstamo concedido.

Además, no sólo la ausencia de garantías constituye un obstáculo. En muchos casos, las limitaciones para comprobar la existencia y tenencia de una garantía impiden que las instituciones bancarias consideren dicha garantía como aceptable. Corroborando lo anterior, sólo la mitad de los dueños de negocios que declararon ser propietarios de los locales donde funciona la empresa tienen título de propiedad.

Otra diferencia existente entre ambas instituciones radica en su cartera de préstamos. Regularmente la banca formal otorga préstamos por montos mayores que las ONGs financieras del sector microempresarial y con un vencimiento más tardío, pues sus plazos son mayores. Además, la banca comercial ofrece una gama más amplia de productos crediticios (préstamos personales, empresariales, para vivienda, líneas de crédito, etc.) que los ofrecidos por las ONG, donde hay menos diversificación de los servicios financieros.

El cuadro xxx presenta un resumen de la documentación solicitada por los bancos para conceder préstamos, ya sea a título personal o empresarial. Como vemos, las condiciones en que operan la mayoría de las microempresas las excluye del financiamiento bancario, ya que no están constituidas formalmente, no llevan registros de sus operaciones ni tienen sistema de contabilidad, no están integradas al sistema financiero formal pues no tienen cuentas bancarias ni de ahorro, etc.

Al analizar las informaciones del crédito en efectivo recibido por los propietarios en los 12 meses previos a la encuesta, encontramos que sólo dos de cada cinco empresarios (19.5%) obtuvo dinero en calidad de préstamo, mientras que el restante 80.5% no recibió préstamos en efectivo. De este último grupo, el 4.5% recibió facilidades crediticias de los bancos y financieras, mientras que una proporción similar (4.3%) lo hizo a través de las ONG que tienen programas de microcrédito. Las fuentes informales de crédito, tales como prestamistas y familiares y amigos, fueron los principales proveedores de dinero en efectivo para los micro y pequeños y negocios, con una participación de 5.3% y 4.7% respectivamente.

Aún más, si analizamos las características de las empresas que obtuvieron crédito de la banca formal, se observa que éstas, en su mayoría: a) forman parte del grupo de inversión alta, es decir, tienen ventas promedio superiores a los RD$40,000 pesos mensuales; b) han cumplido los requerimientos legales para su constitución como empresa; c) tienen mayor tiempo en operación; y d) en su mayoría son propiedad de hombres.

Las informaciones revelan también que aquellos propietarios que obtuvieron crédito son en su mayoría usuarios de los servicios bancarios de cuentas corrientes y de cuentas de ahorro, en una proporción del 55.6% y 70.6%, respectivamente. Esto indica que la relación establecida entre los propietarios de micro y pequeñas empresas y el sistema financiero formal a través de estos instrumentos bancarios permite a la institución financiera obtener informaciones del manejo que hace el dueño del negocio de estas cuentas, lo que facilita a ésta su evaluación y, por ende, el otorgamiento del crédito.

Se ha observado que en los últimos años las diferencias entre el sector financiero formal y las instituciones de apoyo financiero a las micro y pequeñas empresas se han reducido pues gradualmente este tipo de instituciones comienzan a atender las nece-sidades de los micro y pequeños empresarios, ya sea a través de mayores facilidades para conseguir préstamos personales y empresariales, o vía el otorgamiento de las tarjetas de crédito como un mecanismo de financiamiento de las necesidades personales o del negocio del individuo.

Trece de cada cien propietarios son usuarios de tarjetas de crédito otorgadas por los diferentes bancos. Desglosando las informaciones de cuándo obtuvieron sus tarjetas de crédito encontramos que uno de cada diez (7.8%) ha tenido tarjeta de crédito desde antes de 1984. En el período de 1985 a 1990, que se caracterizó por la incorporación de nuevos bancos comerciales y por una profunda crisis bancaria producto del colapso de 7 bancos, el número de tarjetas de crédito otorgados a los micro y pequeños empresarios se incrementó en un 12.4 por ciento, mientras que un 23.2% obtuvo su tarjeta en el quinquenio 1991-1995.

La estrategia bancaria de incrementar el financiamiento al consumo se evidencia en cómo aumentaron sustancialmente el número de empresarios que obtuvieron tarjetas de crédito a partir de 1996, pues más de la mitad (56.6%) de los propietarios de micro y pequeñas empresas que tienen tarjetas de crédito las consiguieron a partir de esa fecha.

 

Al desagregar las informaciones de tenencia de tarjetas de crédito por género del propietario del negocio, se observa que una mayor proporción de negocios de pro-piedad mixta de hombres y mujeres (27%) o de propiedad masculina (17.3%) tienen disponible este instrumento para poder financiar sus gastos del negocio o personales, mientras que sólo el 8% de las unidades propiedad de mujeres cuentan con tarjeta de crédito. Asimismo, también se observa una concentración en Santo Domingo (32.7%) de usuarios de tarjetas de crédito dentro del sector microempresarial, frente a un 7.8% en las zonas urbanas del interior y un 3.3% en las zonas rurales.

Y aunque sólo poco más de uno de cada diez dueños de negocios tiene en la actualidad tarjeta de crédito, se vislumbra un incremento en la tenencia de este ins-trumento bancario porque el aumento de la competencia en los mercados financieros está impulsando a las instituciones de la banca formal a buscar nuevos mercados crediticios dentro del sector de las micro y pequeñas empresas que antes no eran su objeto de atención.

Otro aspecto importante a considerar en los servicios financieros por parte de las instituciones formales de crédito son las provisiones establecidas en previsión de pérdidas en los préstamos que establecen las normas prudenciales, sean éstos comer-ciales o de consumo. Así, aquellos préstamos clasificados como comerciales tienen que estar avalados por documentación legal de la empresa, el historial crediticio del cliente, así como la existencia de garantías reales. Estos requerimientos automáticamente son excluyentes para la mayoría de las micro y pequeñas empresas por sus características propias. Actualmente, dos bancos de desarrollo (Banco de la Pequeña Empresa y Banco ADEMI) prestan al sector considerando estos créditos como préstamos empre-sariales, aunque esto signifique una mayor provisión de fondos por el riesgo, debido a la ausencia de documentaciones legales y contables, así como de informaciones crediticias que permitan verificar el historial de crédito del individuo.

En adición a esto, en muchos casos es prácticamente imposible diferenciar entre el negocio y el hogar pues existe una estrecha relación entre las microempresas y la economía doméstica, ya sea a través del flujo de dinero de una a otra sin establecer controles previos. Muchas veces un familiar enfermo constituye la quiebra del negocio o el envío de una remesa al hogar del propietario permite la adquisición de mercan- cías o materias primas para la empresa.

Más aún, las investigaciones realizadas en el año 1997 sobre el tema de las migraciones y el flujo de remesas en las micro y pequeñas empresas, permitieron constatar que un quinto de los hogares de micro y pequeños empresarios (21.8%) recibían envíos de dinero de sus familiares en el extranjero, principalmente a aquellos dueños de negocios de menor nivel económico. Esto permitía el mantenimiento en operación de muchas empresas de baja rentabilidad, pero a través de las cuales sus propietarios generan ingresos que contribuyen al sostenimiento de sus familias.

1. Uso de Servicios Bancarios

En adición al financiamiento de sus operaciones para la compra de materias primas y mercancías o la adquisición de equipos y maquinarias, los propietarios de micro y pequeñas empresas hacen uso de otros servicios financieros, entre los que se encuentran las cuentas de ahorro y los certificados a plazo fijo.

Tradicionalmente, se ha considerado que el sector de los micro y pequeños empresarios necesita primordialmente los servicios de financiamiento para sus negocios y se han dejado de lado los servicios de ahorro. No obstante, las condiciones de inestabilidad financiera con que operan estas empresas hacen del ahorro un servicio necesario para su crecimiento y desarrollo. De esta manera, el empresario puede reservar los excedentes de liquidez para inversiones futuras, ya sea en el incremento de su inventario o en la adquisición de nuevos equipos y maquinarias. También le permite un mejor manejo de su liquidez en función a la estacionalidad en el flujo de caja del negocio.Asimismo, estas reservas permiten que el empresario haga frente a cualquier tipo de eventualidad que se le presente, sea ésta personal, familiar o del negocio, sin afectar el flujo de caja de la empresa. Regularmente, son las instituciones reguladas, como los bancos, las asociaciones de ahorros y préstamos y las financieras, las únicas que están autorizadas a captar ahorros del público.

La información sobre el uso de servicios bancarios de cuentas de ahorro y certificados a plazo fijo es indicativa de la capacidad de ahorro de una persona, aún cuando ésta no está supeditada a la tenencia de estos instrumentos bancarios, pues sabemos que se puede ahorrar fuera de los bancos.

De los 1,159 empresarios entrevistados, poco más de un tercio (37.2%) tienen cuentas de ahorro. En este renglón también se evidencian las diferencias por género, pues 4 de cada diez hombres (43.8%) tienen cuentas de ahorro mientras que una proporción menor de mujeres (31.8%) hace uso de ese servicio bancario. La concentración de los servicios bancarios en las zonas urbanas también se nota en la encuesta de marzo de 1999, pues más de la mitad de los empresarios residentes en Santo Domingo (53.7%) tienen cuentas de ahorro, frente a uno de cada cuatro en las zonas rurales (24.5%).

 

Por otro lado, es muy reducida la cantidad de empresarios que tienen sus ahorros en certificados a plazo fijo (2.5%). Este pequeño grupo está conformado en su mayoría por propietarios de empresas de inversión por encima de RD$50,000 pesos, que residen en centros urbanos y que se dedican principalmente a actividades de servicios.

Otro servicio bancario que puede ser un indicador del manejo financiero del negocio es el uso de cuentas corrientes por parte de los dueños de micro y pequeñas empresas. Una reducida cantidad de propietarios (17.5%) maneja sus fondos a través de cuentas corrientes, siendo dentro del subsector de comercio al por mayor donde más propietarios (80.4%) utilizan este instrumento bancario. Al igual que en los productos bancarios anteriores (cuentas de ahorro y certificados a plazo fijo) las mujeres usan menos las cuentas corrientes (9.8%) que los hombres propietarios (24.7%), siendo los dueños de empresas mixtas los mayores usuarios (32.7%).

No podemos desligar el análisis de género y la utilización de servicios bancarios del contexto femenino en general. Está ampliamente demostrado que los hombres tienen un mayor nivel de ingresos que las mujeres. Además, las encuestas de Fondomicro validan este dato con relación a la capacidad de generación de ingresos de las mujeres propietarias, pues sus negocios tiene una menor inversión, menores ventas y, por ende, menores ganancias que las empresas de propiedad masculina.

Otro aspecto de interés es que el ahorro es una práctica más usual entre los empresarios con mayores niveles de riqueza (cuantificada a partir de la inversión en materias primas y mercancías y en equipos y maquinarias). Los propietarios de empresas con una inversión mayor a los cincuenta mil pesos tienen más cuentas de ahorro (64.9%), cuentas corrientes (52.4%) y certificados a plazo fijo (7.6%) que aquellos que tienen inversiones de menor cuantía.

Otro instrumento bancario que están utilizando los micro y pequeños empresarios son las tarjetas de retiro en efectivo. Y, aunque sean pocos los usuarios dentro del sector (7.4%), esto indica la creciente incorporación de tecnologías modernas de operación financiera para el manejo de sus ahorros o recursos financieros.

No obstante, son pocas las micro y pequeñas empresas que utilizan las tarjetas de crédito como mecanismo de venta a crédito de sus productos y mercancías. Apenas un 4.7% de los negocios utilizan este servicio que permite a las empresas vender a crédito sin tener referencias previas del comprador, ya que las informaciones crediticias son avaladas por la institución emisora de la tarjeta y ésta última es la que asume el riesgo crediticio.

Los empresarios que cobran a sus clientes con tarjetas de crédito regularmente son también usuarios de las mismas. En adición, éstos negocios están ubicados en zonas comerciales y casi todos en Santo Domingo. También éste grupo de empresas principalmente y forman parte del grupo de inversión alta.

2. Crédito

En adición al crédito en efectivo otorgado por diferentes fuentes a los micro y pequeños empresarios, también éstos disponen del financiamiento de sus materias primas y mercancías vía los suplidores. Así, el 45.2% de los dueños de negocios adquiere en estas condiciones sus materiales o productos, mientras que el restante 54.8% paga sus compras inmediatamente o al contado.

Los menores niveles de intermediación propician el uso de estas facilidades crediticias por parte de los propietarios, ya que siete de cada diez empresarios (69.3%) que adquieren sus materias primas y mercancías directamente con los productores tienen la facilidad de comprar a crédito, mientras que sólo un tercio (32.2%) de los que compran a detallistas pueden pagar más tarde sus compras. En los subsectores de comercio (64.9%) y de servicios (43.7%) es más usual comprar a crédito que al contado. Por el contrario, la mayoría de los negocios del subsector de confección de ropa (83.8%) tienen que pagar inmediatamente por la adquisición de sus materias primas.

Una de las causas de desequilibrio administrativo y financiero de estos negocios podría estar relacionada con la desproporción existente entre la adquisición de materias primas y mercancías a crédito y las facilidades crediticias otorgadas por los propietarios a sus clientes. Tres de cada cuatro dueños (76.6%) venden a crédito sus productos y mercancías, teniendo que financiar sus operaciones mientras recuperan sus cuentas por cobrar, y menos de la mitad (45.2%) puede adquirir a crédito los materiales y productos que necesita como capital de trabajo.

Una visión más global de la empresa permite combinar las empresas según la utilización de financiamiento en efectivo y las compras a crédito, para así diferenciar aquellas empresas que recibieron algún tipo de facilidad crediticia y las que operaron sin préstamos de ningún tipo. Más de la mitad de las empresas (54.1%) operaron con financiamiento en los doce meses previos a la encuesta, ya sea por financiamiento en efectivo y del suplidor (10.7%), sólo del suplidor (34.2%) o sólo en efectivo (9.2%).

Descomponiendo las informaciones crediticias según los niveles de inversión del negocio se ratifica un mayor acceso a cualquier forma de financiamiento por parte de las empresas con inversiones más cuantiosas, pues sólo una de cada cuatro (27.5%) no accedió a alguna forma de financiamiento. Los suplidores atendieron a casi dos terceras partes de estas empresas (63.4%) y, por otro lado, un 31.4% obtuvo crédito en efectivo. Otras (22.2%) consiguieron facilidades crediticias en ambas modalidades: en mercancías y en efectivo.

La situación difiere en el caso de las empresas de baja inversión, pues más de la mitad (56.5%) no accedieron a ningún tipo de crédito. La mayor provisión de crédito a estas empresas fue otorgada por los suplidores (33.8%) y muy pocas (5.8%) pudieron obtener crédito en efectivo y en mercancías y materias primas.

Por otro lado, las empresas unipersonales son las menos atendidas en cuanto a los servicios financieros, pues 59 de cada100 negocios no recibieron crédito de ningún tipo. Esta proporción se reduce a un 38.2% en el caso de las empresas de dos personas y a un 27.2% cuando el negocio tiene cuatro o más trabajadores.

Regularmente los propietarios de micro y pequeñas empresas requieren servicios financieros para dinamizar sus negocios, ya sea financiando la adquisición de materias primas y mercancías o a través de pequeñas inversiones en maquinarias y equipos o en el local donde funciona el negocio. Además el propietario solicita crédito para consumo con el interés de cubrir el costo de obligaciones familiares o personales.

De acuerdo con lo anterior, dos de cada tres empresarios (65.7%) utilizaron el crédito recibido para comprar materias primas y mercancías para sus negocios, en tanto que un 12.2% de los empresarios incorporó tecnología con la adquisición de ma-quinarias y equipos. Realizar inversiones en el local fue la prioridad del 13% de los dueños de negocios que recibieron crédito, mientras que un 2.1% utilizó el dinero para gastos del negocio. Otro grupo (6.9%) realizó gastos personales con el crédito en efectivo que recibió en los 12 meses previos a la encuesta.

Dado que el financiamiento puede ser vital para el negocio, indagamos sobre el interés de los propietarios en solicitar crédito en los próximos doce meses. Sólo un tercio de los encuestados señaló que tiene intención de solicitar algún tipo de crédito, mientras que el restante 66.3% señaló que no piensa obtener financiamiento.

Las razones señaladas por los empresarios son diversas, pero podemos agruparlas en tres categorías principales: los que no trabajan con crédito (27.1%), los que tienen o no necesitan crédito (41%) y los que se censuran como posibles sujetos de crédito (25.1%). En este último grupo se encuentran los que consideran que no pueden realizar negocios con los bancos, ya sea por su condición de pobres o por la dimensión de sus negocios, se autodescalifican para recibir un crédito.

Además, muchos empresarios no piensan solicitar crédito pues las condiciones en que pueden acceder al mismo muchas veces son desfavorables. Pocos tienen acceso a las fuentes formales de financiamiento y el crédito de las fuentes informales (prestamistas) implican un costo excesivamente alto.

En definitiva, si el micro y pequeño empresario pudiera tener mayor acceso al sistema financiero formal sus posibilidades de crecimiento se incrementarían, y en los momentos actuales de apertura comercial hay muchos acápites en donde el empresario requerirá financiamiento para estar acorde a las condiciones del mercado.

Por su parte, los bancos comerciales señalan que los costos de administración de los créditos pequeños son muy altos, ya que son invariables independientemente del monto del préstamo. En adición, las solicitudes de créditos de los micro y pequeños empresarios en su mayoría no cumplen con los requerimientos bancarios y carecen de garantías o éstas no pueden ser comprobables.

Otro ingrediente que dificulta el acceso del micro y pequeño empresario a las fuentes formales de financiamiento es el alto porcentaje de inestabilidad de estas empresas, pues casi un tercio de las mismas cierran cada año. Además, la metodología crediticia de los bancos comerciales y las normas prudenciales de calificación de cartera no se adecuan a la situación de las micro y pequeñas empresas, como explicamos previamente.

No obstante, la apertura de los mercados financieros incrementará la com-petencia entre los bancos y se incrementará la búsqueda de nuevos nichos de mercado en este importante segmento de la economía.


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